sábado, 7 de marzo de 2026

LA LEVEDAD DE LAS LIBÉLULAS. Texto de Carlos López-Otín

 

Islas de silencio, paraísos de estabilidad

 

No soy Funes el Memorioso y conozco el arte del olvido, pero recuerdo con absoluta nitidez una mañana de primavera en la que, mientras disfrutaba de una sencilla introspección en la Fontana de Médicis de París, escuché un suave y extraño murmullo. Abrí los ojos, giré ligeramente la cabeza y pude observar cómo una diminuta línea recta de color azul iridiscente volaba vertiginosamente hacia mí. Cuando llegó a mi altura, me di cuenta de que aquella aerografía azulada era una bella libélula adornada con cuatro alas de cristal cuyo movimiento cortaba el aire y rompía el silencio. Un instante después, la libélula se detuvo y, desafiando a la fuerza de la gravedad, quedó suspendida en la nada justo enfrente de mí. Nuestras miradas se cruzaron durante unos momentos, hasta que con un ágil aleteo la leve libélula prosiguió su camino, mientras mi mente comenzaba a pensar en su dinamismo y en su fragilidad.

         Este sutil e inesperado encuentro encendió la magia de la creatividad y fue el germen de La levedad de las libélulas, un libro de 69.757 palabras cuya escritura me ayudó a entender que la salud es el silencio del cuerpo. Tres años después, el filósofo molecular Faustino López, un polímata cercano, ha hecho verdad un verso esencial y ha sido capaz de «convertir la palabra en la materia». Con apenas 11 cuadros y 23 esculturas Faustino ha reescrito las 254 páginas de mi libro y les ha regalado color, armonía, belleza y sobre todo dinamismo. Sus cuadros me transmiten una profunda ingenuidad vital y muestran la delicadeza y fortaleza del vuelo libelular; son suaves en sus rasgos, pero rotundos en sus geometrías y portan títulos que acarician el alma. Con ellos flotamos en la incertidumbre, asistimos a un desfile de seres felices, percibimos una luz sin eclipses, levitamos como astros sin órbita definida, asumimos que la alegría se organiza y difunde por el aire, y entendemos mejor a José Saramago cuando dijo que el caos es un orden esperando a ser descifrado. En los cuadros de Faustino se aprecia la influencia de su admirado Joan Miró, una de cuyas obras, El vuelo de la libélula frente al sol, es una emocionante oda a la fragilidad en la que con unos pocos trazos relata con conmovedora claridad la levedad de la vida envuelta en poesía. Faustino recoge y amplifica el lenguaje onírico mironiano y construye pequeños universos poblados de círculos intensamente coloreados y rayas con distintas arquitecturas que conectan sus constelaciones y le ayudan a concretar y sostener su cósmica y ejemplar ingenuidad.

        Estos 11 lienzos de Faustino son el «preludio del aire» pues abren el camino a sus preciosas esculturas cinéticas. Contemplarlas en silencio es como tomar una infusión de factores de Yamanaka y viajar atrás en el tiempo hasta confundir la realidad con la fantasía y visualizar en directo el preciso momento en el que el gran Leonardo da Vinci dibujó en Milán su magistral Hombre de Vitruvio. Su primera versión de esta obra era armónica y elegante, pero resultaba demasiado estática, carecía de ese movimiento consustancial a la vida, esa pulsión que distingue lo animado de lo inerte y que apenas unas horas antes él mismo había constatado en el foso del castillo Sforzesco mientras observaba fascinado el vuelo de las libélulas. Curiosamente, siempre he imaginado que fue el recuerdo de estas criaturas aladas lo que iluminó la prodigiosa mente de Leonardo aquella noche milanesa y le impulsó a duplicar las extremidades de su hombre de Vitruvio mientras mantenía un solo rostro y un único torso. De pronto, como si su figura hubiera recibido una inyección de élan vital, los cuatro brazos parecían desplazarse arriba y abajo como si fueran las cuatro alas de las libélulas, mientras que las piernas se abrían y se movían hacia atrás y hacia fuera. El excepcional artista toscano había creado una dinámica imagen humana llena de vida y presta a liberarse de las ataduras impuestas por el círculo y el cuadrado que la enmarcaban, e iniciar el siempre azaroso vuelo en busca de su lugar en el mundo. Dinamismo, vitalidad y libertad, estas son las tres palabras que conforman una evocadora hendiatris y aglutinan las sensaciones que me genera la contemplación de las esculturas del leonés Faustino de Avilés. 

 

La pequeña figura humana dibujada por el gran Leonardo da Vinci representa en mi mente el más bello icono de la salud, por eso no es extraño que cuando observo las esculturas móviles de Faustino me invada una sensación de calma, serenidad y bienestar emocional. Estas emociones nos ayudan a construir y mantener nuestras personales islas de estabilidad vital que son un valioso regalo en un tiempo pleno de un denso ruido social que nos impulsa a refugiarnos en paraísos de silencio capaces de convertir la soledad en una forma extrema de intimidad. Las esculturas del filósofo Faustino siguen la estela del ingeniero Alexander Calder para quien sus móviles eran «poemas que bailan con la alegría de la vida». Las obras de Faustino son también bellos ejemplos de poesía visual e interpretan de manera emocionante la biología de las libélulas. Vuelan en cualquier dirección, se sostienen en el aire sin aparente esfuerzo, se nutren del viento y con sus elegantes e incesantes acrobacias llegan a convertirse en auténticos seres «sutiles, ingrávidos y gentiles».    

Faustino, gracias por tu interminable y dinámica creatividad; al compartirla con nosotros amplías nuestras perspectivas visuales y emocionales, mejoras nuestra homeostasis somática y mental, y nos regalas salud y vitalidad, dones tan efímeros y evanescentes como el futuro de una leve libélula en vuelo al sol. Gracias también por recordarnos la necesidad de adoptar una mirada elevada frente al ruido, las urgencias y las insuficiencias de la vida cotidiana y enseñarnos que en el arte podemos encontrar islas de balsámico silencio y paraísos de dinámica estabilidad. La cálida luz que emana de tus cuadros y la maravillosa capacidad de tus esculturas para trascender la gravedad y comenzar a volar renuevan mi idea de que todavía hay esperanza en el horizonte para los cada vez más frecuentes «náufragos en la luna» y nos animan a continuar la aventura de pensar, soñar, crear y educar. Con este liviano bagaje tal vez seamos capaces de convertir en realidad el deseo que expresaban las últimas palabras de La levedad de las libélulas: hay que estrenar cada día con la confianza de que, pese a nuestra insoslayable esencia de criaturas imperfectas, frágiles y vulnerables, podemos llegar a ser artistas de nuestra propia vida y hasta pintar la leve estela que deja una frágil libélula cuando vuela.

 

                                                                                                  Carlos López-Otín

LA LEVEDAD CE LAS LIBÉLULAS. Exposición de esculturas móviles y pinturas . Homenaje a Carlos López-Otín.

 


LA LEVEDAD DE LAS LIBÉLULAS

La levedad de las libélulas es el título del último libro de Carlos López-Otín, cuyo subtítulo añade: Hacia la medicina de la salud. Un nuevo enfoque para lograr el equilibrio físico y mental.

Y de equilibrios trata esta exposición de esculturas móviles y de pinturas que pretenden ser algo cinéticas; se inspira en uno de sus poderosos hallazgos visuales, la combinación del famoso Hombre de Vitrubio, de Leonardo da Vinci, con la perfecta simetría de las alas de las libélulas. Ese precioso dibujo aparece en la portada y, acompañado por dos libélulas, al final de cada capítulo de su libro. Esa levedad, esa ligereza, esa liviandad y esa levitación que expresaba Simone Weil en su libro La gravedad y la gracia. Y es que la gravedad siempre está ahí, pero la gracia aparece solo algunas veces, sin duda en Leonardo da Vinci y en Carlos López-Otín.

Todo esto pretende ser un homenaje a quien ha sido Catedrático de Bioquímica de la Universidad de Oviedo, uno de los científicos más prestigiosos del mundo en su campo, la Bioquímica y la Biología Molecular, en el que ha sido reconocido con importantísimos premios nacionales e internacionales.

Esta exposición pretende expresar mi más profunda admiración a su labor científica de primer orden, a su curiosidad sin límites y a su profundo humanismo. Todo esto va unido a su exquisita sensibilidad estética, siempre atenta a la belleza que hay en el mundo. Y también a su  sensibilidad humana, capaz de atender a todos sus alumnos, discípulos, oyentes, lectores y admiradores (soy testigo de la dedicación y entrega a todo el mundo en las multitudinarias firmas de sus presentaciones de libros).

Como nos señala en su libro, para vivir de una forma saludable es necesario el equilibrio físico y mental, equilibrios nada sencillos de mantener a lo largo de la vida. Es muy difícil que todo salga bien, pero cuando ocurre, las ciencias brillan, las filosofías piensan y las artes muestran lo mejor de los seres humanos. Es mi deseo que esta exposición contribuya a buscar y encontrar la belleza, la verdad y la bondad, aunque sea mínimamente, en medio de un mundo que demasiadas veces parece soportar el lado más oscuro e infame de la historia.

Faustino López


LA LEVEDAD DE LAS LIBÉLULAS. Homenaje a CARLOS LÓPEZ-OTÍN. Centro de Escultura de Candás. Museo Antón.

El jueves 5 de marzo de 2026 se inauguró la exposición LA LEVEDAD DE LAS LIBÉLULAS. Homenaje a CARLOS LÓPEZ OTÍN. 

 El Hombre de Vitruvio: Una Obra Maestra de Leonardo da Vinci

Portada La levedad de las libélulas


martes, 13 de enero de 2026

EL JUEGO ASCENDENTE DE LOS TRIÁNGULOS CIRCULARES. Despacho del Director de Unicaja. Camposagrado. Avilés. 13-1-2026.

 

EL JUEGO ASCENDENTE DE LOS TRIÁNGULOS CIRCULARES


Escultura móvil de pie. 2025-2026

Base, varillas y esferas de acero inoxidable, bolas de plástico, láminas de aluminio y de PVC. 125 x 80 x 70 cm aproximadamente.

El juego ascendente de los triángulos, que en uno de sus lados se van haciendo circulares, se mueve, se acerca y se desarrolla con agilidad desde la base más sólida hasta las alturas más ligeras, desde los colores más variados hasta el crecimiento de la naturaleza que se sostiene en una primavera soleada.

lunes, 12 de enero de 2026

UN JUEGO CIRCULAR EN EL AIRE. Para Jule Petsch. Hannover. Alemania. 12-1-2026.

 

UN JUEGO CIRCULAR EN EL AIRE

Escultura móvil colgada. 2022-2026.

Varillas de acero inoxidable, alambre galvanizado, PVC. 99 x 75 x 42 cm aproximadamente.

Esta escultura juega en el aire, se mueve con fluidez, adivina las intenciones de la brisa, sonríe con agilidad, se mantiene en un delicado equilibrio y se divierte con la gracia y la galantería de la belleza más inocente. Pretende ser un homenaje y así se acerca a la magia que hace con su aro Jule Petsch, campeona del mundo.

 

 




 

lunes, 22 de diciembre de 2025

FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO 2026

LOS JUSTOS, de Jorge Luis BORGES 

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

jueves, 4 de septiembre de 2025

Inauguración del IES Margarita Salas en Oviedo, con la escultura SIGNOS DE ADMIRACIÓN

Se ha inaugurado el IES MARGARITA SALAS con la asistencia del Presidente del Principado de Asturias, del Alcalde de Oviedo, de la Consejera de Educación, de la hija de Margarita Salas y de autoridades de la Consejería de Educación y de la Dirección del Centro.

 SIGNOS DE ADMIRACIÓN. Faustino López

7 x 6 x 6 m. Láminas de PVC, varillas de acero inoxidable, tubos de aluminio.

Esta escultura móvil, SIGNOS DE ADMIRACIÓN, está dedicada a lo mejor que hay en los seres humanos.

En todo el mundo, en cada país, en cada provincia y en cada instituto debemos proteger y admirar lo más valioso: la educación, la sanidad y todo lo que contribuya a una mayor justicia social. También todo lo que contribuya al conocimiento, al arte, a las humanidades, a la ciencia, a la filosofía y a las buenas tecnologías.

Esta obra es, por tanto, un homenaje a los profesores admirables que se dedican al noble trabajo de enseñar y a los alumnos admirables que aprecian la hermosa tarea de aprender y de conocer; un homenaje a todos los que habitan muy despiertos en el mundo de los conocimientos necesarios (Ciencias, Artes, Filosofía...) a los que se accede a través del sistema educativo.

Porque admirables son los que perseveran en la inteligencia y el estudio, los que eligen la verdad, la bondad, la belleza; los que no se olvidan de la alegría, los que no repiten los dudosos y contenidos de odio que seleccionan los algoritmos de las redes sociales, los que no contribuyen a los genocidios, los que siguen siendo humanos y compasivos, “comprensivos y sensibles a los infortunios ajenos”, como dice el Diccionario de la RAE.

Y esta escultura es cinética o móvil porque recoge un histórico legado:

El de Heráclito, que decía que todo fluye, que todo se mueve. Y por eso también tenían que moverse las estatuas.

El de Galileo cuando insistió, frente a los geocentristas: "Y sin embargo, se mueve". Tal vez por eso, tarde o temprano, tenían que moverse las esculturas.

El de Nietzsche, que escribía: "Que todo lo pesado se vuelva ligero… todo espíritu, pájaro". Por esa algunas esculturas son ligeras. O que “la verdad es un ejército móvil de metáforas”.

El de Alexander Calder, creador de la escultura cinética, que declaraba: "Cuando todo sale bien, un móvil es una poesía que baila con la alegría de la vida y sus sorpresas". Y esperemos que haya salido bien y que siempre podamos mantener nuestro ánimo alegre.

El de Antonio Machado, cuando recitaba: “Yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón”. Esperemos que haya algo de sutileza, de ingravidez y de gentileza en esta obra.

Y el de García Lorca, que añadiría: "Yo conocí un hombre que barría su tejado y limpiaba claraboyas y barandas solamente por galantería con el cielo". Me gusta esa expresión: “por galantería con el cielo”, es decir, con gracia y elegancia, sin necesidad de mayores recompensas.